Por: Raúl S. Llamas
La NFL ya soltó el ovoide y, aunque todavía estamos jugando snaps que no cuentan en el récord, basta escuchar el primer golpe de hombreras para entender que la larga espera terminó.
La pretemporada está en marcha y con ella llega esa peligrosa enfermedad que padecemos quienes amamos este deporte: la fiebre de agosto.
Una victoria y ya vemos a nuestro equipo levantando el Vince Lombardi. Dos pases completos de un quarterback novato y comenzamos a discutir si encontramos al próximo Tom Brady. Una intercepción y queremos mandar al muchacho de regreso a la universidad.
Tranquilos.
En pretemporada el marcador importa menos que la letra pequeña del partido.
Y este fin de semana dejó bastante material para revisar en el cuarto de video.
Los Dallas Cowboys fueron a Seattle y derrotaron 17-7 a los Seahawks.
Para una afición acostumbrada a sufrir incluso antes de comenzar septiembre, ganar siempre ayuda, pero la verdadera noticia estuvo del otro lado del ovoide: una defensiva que enseñó los dientes y permitió apenas siete puntos.
Los Baltimore Ravens también mandaron un mensaje al atropellar 24-7 a Philadelphia.
Baltimore parece tener algo que todos los coordinadores envidian cuando comienzan los cortes: profundidad.
Buffalo venció 29-14 a Carolina, mientras los Rams entraron al Arrowhead y salieron con un 20-12 sobre Kansas City.
Jacksonville derrotó 24-20 a New Orleans y Minnesota sobrevivió 13-10 ante los Giants
¿Significa algo?
Sí.
¿Significa que ya conocemos a los candidatos al Super Bowl?
Ni de chiste.
Te emocionas cañón porque ya querías ver ovoide otra vez, pero sabes que los marcadores en pretemporada son puro humo; aquí lo que importa es ver cómo rotan los novatos y quiénes se están ganando el puesto a sangre fría.
Ahí está la verdadera batalla.
Mientras nosotros vemos touchdowns, los coaches están viendo bloqueos, coberturas, rutas, equipos especiales y errores que pueden significar la diferencia entre aparecer en el roster o recibir la llamada que nadie quiere contestar.
Porque agosto es despiadado.
Para las estrellas, estos partidos son calentamiento.
Para muchos novatos y jugadores que pelean por sobrevivir al corte, cada snap puede valer una carrera profesional.
Y entonces aparecen las redes sociales, ese gigantesco estadio donde todos somos head coaches, coordinadores ofensivos y gerentes generales.
Un quarterback suplente completa tres pases y ya pedimos que siente al titular.
Lanza dos intercepciones y queremos cortarlo antes de que termine de bañarse.
Así somos.
Porque podremos repetir mil veces que “solamente es pretemporada”, pero cuando el ovoide vuela, se nos olvida.
Los playbooks comienzan a abrirse, las defensivas empiezan a enseñar los colmillos y los novatos saben que quedan pocas oportunidades para convencer a sus entrenadores.
Todavía faltan ajustes, cortes y muchas horas de video.
Pero una cosa está clara:
ya se escuchan los golpes en las trincheras.
Y cuando eso sucede, amigos…
la NFL está de regreso.
Nos vemos Dentro del Emparrillado.
¡TOUCHDOWN!



