Por: Fabián G
Ciudad de México.- Los Diablos Rojos del México volvieron a demostrar por qué son uno de los equipos de mayor tradición y carácter en la Liga Mexicana de Béisbol, al superar a los Guerreros de Oaxaca en un dramático séptimo juego, sobrevivir incluso a una interrupción por lluvia y mantener viva su ruta hacia el tricampeonato.
«¡Fue una locura total! Cuando cayó el aguacero y pararon el juego, el corazón se nos detuvo a todos. Oaxaca nos dio una batalla tremenda, pero este equipo tiene pasta de campeón”, relató Ernesto Ramírez, aficionado escarlata que presenció el encuentro acompañado por su familia.
La serie de Primer Playoff llevó al límite al conjunto capitalino. Oaxaca llegó a colocarse arriba 3-2 y dejó a los actuales monarcas sin margen de error, obligándolos a responder frente a su afición en el Estadio Alfredo Harp Helú.
Y los Diablos respondieron.
Primero apareció Trevor Bauer para comandar una contundente blanqueada de 11-0 que empató la confrontación y obligó a disputar el séptimo y definitivo encuentro.
Con la temporada entera reducida a nueve entradas, el llamado Infierno capitalino volvió a llenarse de rojo.
El duelo definitivo tuvo además un ingrediente inesperado: la lluvia.
Cuando la tensión dominaba las tribunas y cada lanzamiento podía cambiar el destino de la temporada, el agua obligó a detener temporalmente las acciones, prolongando el suspenso entre miles de aficionados que esperaban la reanudación.
En las gradas había nerviosismo. En redes sociales crecían los comentarios sobre lo que podía significar la pausa para el ritmo del equipo dirigido por Lorenzo Bundy.
Pero el Infierno no se apagó.
Una vez que las condiciones permitieron regresar al diamante, los Diablos conservaron la concentración, ajustaron desde el bullpen y encontraron la fórmula para contener a unos Guerreros que durante toda la serie se negaron a entregar la batalla.
El desenlace desató la celebración en el Alfredo Harp Helú y confirmó el boleto escarlata a la siguiente fase de la postemporada.
Para los aficionados, eliminar a Oaxaca después de encontrarse contra las cuerdas puede representar mucho más que avanzar una ronda.
«Si aguantamos la lluvia y remontamos esta serie, estamos listos para ir por el tricampeonato y levantar otra copa en nuestra casa”, expresó Sofía, integrante de la familia Ramírez y seguidora del México.
Su hijo Iker resumió el sentimiento que inundó las tribunas al concluir el encuentro: “Nadie nos va a bajar de este sueño. Los Diablos están hechos para estos momentos de presión”.
Ahora la mira está puesta en el siguiente obstáculo.
Los Diablos Rojos saben que todavía queda camino por recorrer, pero sobrevivir a una serie en la que estuvieron a una derrota de terminar la temporada fortalece la confianza de una organización acostumbrada a competir bajo presión.
La conversación entre la afición ya tiene una palabra inevitable: tricampeonato.
El objetivo es construir una nueva dinastía y continuar ampliando una de las historias más importantes del béisbol profesional mexicano.
Oaxaca estuvo cerca de apagar el Infierno.
La lluvia tampoco pudo hacerlo.
Y mientras quede un juego por disputar, los Diablos seguirán defendiendo la corona.



