Por: Raúl Hernández Moreno
El 5 de febrero de 1986, murió el periodista Carlos Loret de Mola Mediz, cuando su automóvil, un Mercedes Benz blindado, circulaba por una carretera de Coyuca de Catalán, Guerrero y terminó al fondo de una barranca.
En un país donde las conspiraciones, reales o ficticias, son alimentadas y engordadas, fue inevitable que se hablara de que el periodista había sido silenciado por el estado, aunque sin pruebas.
Nacido en Mérida, el 30 de julio de 1921, Loret combinó el periodismo con la política y fue diputado federal, senador y gobernador de Yucatán, bajo las siglas del PRI.
Cuando fue gobernador, de 1970 a 1976, Loret se confrontó con el presidente Luis Echeverría y con el cacique yucateco, Víctor Cervera Pacheco, a quienes acusó de querer desestabilizar su gobierno, con el fin de destituirlo.
El 13 de febrero de 1974, el líder sindical Efraín Calderón de Lara, que operaba sindicatos de choferes de transporte y del ramo de la construcción, fue secuestrado y apareció muerto, cinco días después, en un tramo de la carretera Carrillo Puerto-Chetumal, en Quintana Roo, con muestras de tortura y un disparo en la cabeza.
De ese crimen se acusó al gobernador y se dijo que agentes de seguridad lo sometieron y asesinaron. Tiempo después, se adjudicó el crimen a agentes vinculados con el gobernador de Campeche, Carlos Sansores Pérez.
Loret Mediz se inició en el periodismo a los 18 años, en periódicos locales, hasta que llegó al Diario de Yucatán.
En 1946 se integró a Novedades, en la Ciudad de México. De 1951 a 1955 dirigió El Mundo de Tampico, después fundó el Heraldo de Aguascalientes, dirigió El Heraldo de San Luis, El Fronterizo de Chihuahua y finalmente asumió la dirección de la cadena García Valseca, Los Soles.
A fines de 1954 se hizo cargo de El Heraldo de San Luis Potosí, de la cadena García Valseca y se dedicó a criticar al cacique potosino Gonzalo N. Santos.
Habían pasado unos días, cuando la noche del 7 de enero de 1955, un grupo de 14 reporteros, cablistas y redactores, lo encararon en la oficina de la dirección y abiertamente le dijeron que eran amigos de Santos, por lo que le pedían parar los ataques en su contra y de no hacerlo, se irían.
Loret no se amedrentó. Les dijo que lamentaba su postura, que las puertas estaban abiertas para el que quisiera irse y que la línea editorial no cambiaría.
Los bravucones cumplieron su palabra y se retiraron.
En el área de teletipos, permaneció una mujer joven, Ana Raquel, que cortó los “cables” recién llegados, se los llevó a Loret y le dijo: “Soy Ana Raquel, no tengo miedo. Sé muy poco, pero voy a ayudarle en lo que pueda”.
Esa noche, Loret y la jovencita redactaron notas para la sección de locales, diseñaron páginas, cabecearon notas nacionales e internacionales y a las tres de la mañana, se mandó a talleres las pruebas definitivas de la edición de ese día.
Al día siguiente, desde El Mundo de Tampico, llegaron cuatro reporteros, para cubrir las fuentes locales y desde el primer día dirigieron sus baterías hacia Gonzalo N. Santos y su cacicazgo.
El enfrentamiento entre el cacique y Loret, fue brutal.
El primero le armó una huelga que no prosperó y al final intervino el presidente Adolfo Ruiz Cortines que responsabilizó a Santos de lo malo que le pudiera ocurrir a Loret y sus colaboradores y a éste le pidió cesar la campaña contra el cacique, lo que aceptó y en marzo de ese año, dejó a El Heraldo y se regresó a El Mundo.
Al terminar su gestión como gobernador, Loret Mediz siguió activo en el periodismo.
Fue columnista en Excélsior y en la revista Siempre. Además, compró el periódico El Norte, de Chihuahua y fundó Diario de León.
Escribió nueve libros, entre ellos Ángel sin ojos (1957); Los caciques, (1979); Mil días de Quetzalcóatl (1980); El Juicio (1980), entre otros.
En Mil días de Quetzalcóatl y El Juicio, el periodista hizo un análisis crítico del sexenio de José López Portillo, período marcado por la corrupción, la frivolidad y el nepotismo, de un hombre ensoberbecido por el desmesurado poder.
Eran los tiempos del presidencialismo sin límites.
Su hijo Rafael Loret de Mola y su nieto Carlos Loret, continuaron la tradición periodística.
Rafael Loret ha escrito alrededor de 50 libros, la mayoría de denuncia, contra las autoridades en turno.
Carlos Loret se convirtió en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, en uno de sus críticos más duros y lúcidos, con denuncias de corrupción muy bien documentadas.
El sexenio arrancó con un Loret de Mola titular del noticiero matutino de Televisa y para no tener problemas con el gobierno, la televisora le canceló el espacio.
De nada sirvió que Televisa se doblegara al poder pues Loret fundó, junto con Víctor Trujillo Brozo, el sitio digital Latinus, desde donde exhibieron la escandalosa corrupción del presidente López Obrador y su parentela.
Latinus se convirtió en el principal medio periodístico opositor al régimen. AMLO utilizó el poder del estado, desde la Secretaría Hacienda a la Fiscalía General de la República, para desacreditar a Loret, pero lejos de lograrlo lo encumbró y lo fortaleció.


