Por: Fabián G.
Culiacán, Sinaloa.- El Congreso de Sinaloa puso fin al vacío político que rodeaba al Poder Ejecutivo estatal y designó a Graciela Domínguez Nava como gobernadora interina, luego de la salida de Rubén Rocha Moya y de varias semanas marcadas por licencias, tensiones políticas y cuestionamientos sobre la conducción del gobierno.
“Lo que necesitamos es paz, seguridad para salir a trabajar y que se respete al pueblo sinaloense. Ojalá y nos sorprenda para bien, porque la paciencia de la gente ya se acabó”, expresó Mario Alberto Duarte, comerciante del sector Tres Ríos de Culiacán, al resumir el ambiente que prevalece entre parte de la población después del cambio en el Ejecutivo.
Domínguez Nava asumió formalmente la responsabilidad de conducir la administración estatal en una coyuntura especialmente compleja, con la encomienda inmediata de recuperar estabilidad política y garantizar la operación de las instituciones.
Su designación representa además un movimiento de peso dentro del escenario político sinaloense.
La nueva gobernadora interina cuenta con experiencia legislativa y administrativa, además de una trayectoria vinculada con movimientos sociales.
Entre sus responsabilidades públicas destaca su paso por la Secretaría de Educación Pública y Cultura de Sinaloa.
La llegada de Domínguez Nava ocurre después de un periodo particularmente turbulento provocado por las sucesivas separaciones del cargo de Rocha Moya, cuyo breve regreso a la gubernatura terminó con una nueva solicitud de licencia.
Fuentes cercanas a Palacio de Gobierno consideraron que la designación representa “lo mejor para Sinaloa en este momento de transición y reordenamiento”, ante la necesidad de restablecer una conducción definida dentro del Ejecutivo.
El relevo, sin embargo, no elimina automáticamente la presión política.
En las calles de Culiacán persiste una combinación de expectativa y desconfianza después de semanas en las que la sucesión de acontecimientos políticos alimentó la percepción de falta de rumbo.
“La verdad, uno como ciudadano ya está cansado de tanta turbulencia. Las semanas pasadas se sentía un vacío de autoridad terrible, puro miedo, rumores y el estado en el abandono por tanto pleito político.
Qué bueno que ya se dio este cambio, la situación ya era insostenible”, señaló Duarte.
Sobre Domínguez Nava, el comerciante reconoció que existe conocimiento previo de su trayectoria, aunque advirtió que el respaldo ciudadano dependerá de los resultados.
“A Graciela la conocemos de tiempo atrás por su paso en la Secretaría de Educación y en la política local.
Dicen que es una mujer de trabajo, pero la duda y el pendiente siguen siendo los mismos: ¿va a limpiar verdaderamente la casa o solo viene a administrar lo que dejaron los otros?”, cuestionó.
La gobernadora interina recibe así una administración bajo fuerte escrutinio público.
Entre sus desafíos inmediatos estarán mantener la gobernabilidad, recuperar la confianza de empresarios y sociedad civil, fortalecer las condiciones de seguridad y garantizar continuidad en las tareas gubernamentales.
También deberá construir una relación funcional con el Congreso y conducir el proceso de reorganización administrativa sin profundizar las divisiones surgidas durante la crisis política.
El nombramiento despeja finalmente una de las principales incógnitas institucionales de las últimas semanas, pero abre otra etapa para Sinaloa: la de comprobar si el nuevo liderazgo consigue transformar la estabilidad política alcanzada en el Congreso en resultados visibles para una sociedad que exige seguridad, certidumbre y rendición de cuentas.



