Por: Redacción
Vancouver, Canadá.- Canadá entró en una carrera contrarreloj para evitar un nuevo choque comercial con Estados Unidos, ante la entrada en vigor, prevista para las primeras horas del miércoles, de aranceles adicionales de 50 por ciento sobre alrededor de 20 mil millones de dólares en productos canadienses.
«Las conversaciones son muy intensas y delicadas”, ha señalado el primer ministro canadiense Mark Carney, quien mantiene contactos al más alto nivel con Washington en busca de un acuerdo de última hora que permita desactivar una medida con potencial para golpear sectores estratégicos y poner empleos en riesgo.
El presidente estadounidense Donald Trump ordenó los nuevos gravámenes mediante la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930, una disposición poco utilizada que permite imponer derechos adicionales cuando Washington considera que otro país discrimina comercialmente a productos estadounidenses.

La Casa Blanca fijó su aplicación a partir de las 00:01 horas, tiempo del Este, del 19 de agosto.
Las medidas abarcan diferentes productos canadienses y, de acuerdo con la propia Casa Blanca, alcanzan mercancías incluso cuando cumplen las reglas de origen del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Entre las excepciones se encuentran energía, potasa y determinados productos sujetos a otros esquemas arancelarios.
Negociaciones llegan hasta el último minuto
Mientras las horas avanzan, el ministro responsable del comercio Canadá-Estados Unidos, Dominic LeBlanc, y la jefa negociadora canadiense, Janice Charette, mantienen conversaciones en Washington con el representante comercial estadounidense Jamieson Greer y otros funcionarios de la administración Trump.
Carney sostuvo además comunicación directa con Trump este martes, en un esfuerzo por encontrar una salida antes del vencimiento del plazo. Las diferencias, sin embargo, continúan alrededor de sectores como automotriz, lácteos, bebidas alcohólicas, acero, aluminio y productos forestales.
Para Ottawa, la negociación no solamente tiene implicaciones inmediatas sobre las exportaciones.
El diferendo coloca bajo presión la relación económica entre dos países cuyas cadenas productivas se encuentran profundamente integradas y abre interrogantes sobre el futuro del comercio norteamericano.
Empresas y empleos, bajo presión
El impacto podría sentirse especialmente entre pequeñas y medianas empresas que dependen del mercado estadounidense. Los sectores afectados incluyen desde productos industriales y muebles hasta alimentos, bebidas y artículos deportivos.
Los organismos empresariales canadienses han advertido que un arancel de esta magnitud puede reducir drásticamente la competitividad de determinados productos en Estados Unidos, provocar ajustes de producción y eventualmente traducirse en pérdida de empleos o cierres de operaciones.
La preocupación se extiende particularmente a Ontario y Quebec, donde se concentra una parte importante de la actividad manufacturera canadiense vinculada con Estados Unidos.

Canadá prepara su respuesta
El gobierno canadiense mantiene preparado un plan de contingencia en caso de que Washington mantenga los aranceles y las negociaciones fracasen antes del plazo establecido.
Desde julio, Ottawa había advertido que defendería a trabajadores, agricultores y empresas frente a la nueva ofensiva comercial estadounidense.
El gobierno canadiense conformó además un frente de consulta con representantes económicos para evaluar las repercusiones de las medidas.
La incertidumbre permanecerá hasta el último minuto.
Canadá y Estados Unidos todavía tienen abierta la mesa de negociación, pero el reloj corre: si no aparece un acuerdo o una decisión de Washington que suspenda los gravámenes, a las 00:01 horas de este miércoles comenzará un nuevo capítulo en una relación comercial que durante décadas fue considerada una de las más estrechas del mundo.



