Fotos y texto: Raúl S. Llamas
Laredo, Texas. — Pese al rechazo de residentes fronterizos y a la petición del gobierno municipal de detener los trabajos, la administración del presidente Donald Trump continúa instalando barreras flotantes en el río Bravo, una medida que ha provocado inconformidad entre los habitantes del histórico barrio El Azteca.
El alcalde de Laredo, Víctor Treviño, manifestó que la ciudad no necesita boyas ni muros para enfrentar la inmigración irregular y sostuvo que existen otras alternativas para fortalecer la vigilancia fronteriza sin comprometer las condiciones del río.
El fin de semana, cuadrillas encargadas del proyecto continuaron colocando los dispositivos en el Área Recreativa de Las Palmas, a pesar de que el gobierno municipal había solicitado a las autoridades federales suspender temporalmente las operaciones.
La petición del alcalde buscaba conocer previamente las posibles consecuencias ambientales e hidráulicas de las estructuras, particularmente sus efectos sobre el cauce y la calidad del agua.

Sin embargo, hasta ese momento no se había recibido respuesta de las autoridades federales y las maniobras continuaron.
Los vecinos del barrio El Azteca expresaron preocupación y molestia, al considerar que las barreras representan una intervención en un espacio natural estrechamente vinculado con la historia y la vida cotidiana de esta comunidad fronteriza.
El proyecto forma parte de la estrategia migratoria de la administración Trump, que contempla aproximadamente 600 millas de barreras fronterizas, aunque esa extensión no corresponde exclusivamente a las boyas instaladas en el río.
La controversia también tiene antecedentes de seguridad.
Meses atrás, una creciente del Bravo arrastró dispositivos flotantes, provocando una situación de emergencia que derivó en el cierre temporal de puentes internacionales.

Este episodio alimenta las preocupaciones sobre el comportamiento de las estructuras durante las avenidas del río, especialmente cuando aumenta la corriente por lluvias y desfogues.
Mientras Washington mantiene su estrategia de contención migratoria, en Laredo crece la exigencia de que las decisiones federales consideren la seguridad de las comunidades ribereñas, la protección del agua y las condiciones particulares de esta frontera.
Por ahora, las boyas siguen llegando al Bravo y la solicitud del alcalde Víctor Treviño permanece sin respuesta.




