Por: Raúl S. Llamas
La NFL ha llegado a su novena semana y el último refugio de los invictos terminó por derrumbarse.
Ya no quedan equipos con expediente perfecto. Ahora comienza el verdadero examen: mantenerse en la pelea cuando las defensivas descifran las ofensivas, las lesiones cobran factura y cada derrota pesa más en el camino hacia enero.
Los Minnesota Vikings, con marca de 6-1, ya conocen el sabor de la derrota. Sin embargo, siguen encabezando una División Norte de la Conferencia Nacional que se ha convertido en una auténtica zona de guerra. Chicago marcha 6-2, Detroit 5-2 y Green Bay 5-3.
Cuatro contendientes separados por márgenes estrechos y con una segunda mitad de temporada que promete sacar chispas.
En la Conferencia Americana, Buffalo conserva el mando del Este con 6-1, pero los New England Patriots, con 5-3, comienzan a recuperar ese protagonismo que durante dos décadas convirtió a Foxborough en territorio prácticamente prohibido para los visitantes.
El problema para Nueva Inglaterra no está precisamente en la pizarra, sino en la enfermería.
Para recibir este domingo a los Green Bay Packers, los Patriots descartaron al receptor A.J. Brown, lesionado del tobillo y la rodilla, y al corredor TreVeyon Henderson, afectado por una enfermedad. Además, siete jugadores permanecen cuestionables, entre ellos Hunter Henry, Mack Hollins, Morgan Moses y Greg Van Roten.
La situación de Henry resulta especialmente delicada: acumula 29 recepciones y 326 yardas, cifras que lo convierten en uno de los principales objetivos de Drake Maye. Brown, por su parte, apenas registra nueve recepciones para 101 yardas en tres encuentros. Mucho talento contratado, pero poca producción disponible.
Maye, quien participó completamente en los entrenamientos pese a las molestias en el hombro derecho, tendrá que demostrar que un quarterback de calidad también sabe ganar sin todas sus herramientas.
Green Bay tampoco llega completo. Cinco jugadores quedaron descartados, incluido Micah Parsons. Su ausencia representa una oportunidad para la línea ofensiva de Nueva Inglaterra, aunque los Packers mantienen una defensiva capaz de complicar cualquier serie ofensiva.
Y mientras se prepara esta batalla, Foxborough vuelve a rendirse ante uno de sus grandes personajes: Rob Gronkowski, cuya incorporación al Salón de la Fama de los Patriots devuelve inevitablemente los recuerdos de aquella maquinaria encabezada por Tom Brady.
Pero los homenajes no suman puntos en el marcador.
La jornada dominical también presenta otros duelos que merecen atención. Dallas visita Indianápolis, y Dak Prescott vuelve a encontrarse frente a una obligación que conoce demasiado bien: justificar en el terreno de juego las enormes expectativas depositadas sobre sus hombros.
Prescott ha disfrutado de recursos ofensivos, respaldo institucional y oportunidades que otros quarterbacks jamás tuvieron.
Houston visita a Los Angeles Chargers en otro examen para una defensiva de los Texans que sigue sin transmitir aquella autoridad que alguna vez fue su carta de presentación.
Los Raiders enfrentarán a San Francisco, mientras Detroit buscará imponer su ofensiva frente a Miami.
El Sunday Night Football enfrentará a Tampa Bay con Chicago, una oportunidad para medir la consistencia de unos Bears que llegan con seis victorias y dos derrotas.
Y el lunes, en el tradicional Monday Night Football, Buffalo visitará Minnesota. ¡Vaya manera de cerrar la jornada! Bills 6-1 contra Vikings 6-1, dos equipos con aspiraciones legítimas y quarterbacks obligados a responder bajo los reflectores nacionales.
Será también un duelo entre dos franquicias que comparten una dolorosa referencia histórica: ambas han disputado cuatro Super Bowls sin conquistar ninguno. Buffalo perdió cuatro consecutivos entre 1991 y 1994; Minnesota cayó en sus cuatro apariciones entre las temporadas de 1969 y 1976.
La novena semana nos deja una conclusión anticipada: los invictos desaparecieron, pero los verdaderos candidatos apenas comienzan a distinguirse.
Porque en la NFL los campeonatos no se ganan con expedientes perfectos en octubre, sino con equipos capaces de sobrevivir a noviembre, resistir diciembre y llegar completos a enero.
Y para algunos, especialmente en Dallas, el reloj ya comienza a marcar el último cuarto.
¡Touchdown!


