Por Fabián G.
Ciudad de México.— Pericos de Puebla silenció el Estadio Alfredo Harp Helú y terminó de golpe con la aspiración de los Diablos Rojos del México de conquistar el tricampeonato, al imponerse 3-0 en un dramático sexto juego de postemporada de la Liga Mexicana de Béisbol.
“Duele en el alma ver cómo se nos va el tricampeonato y se esfuma la temporada en casa, pero el amor por estos colores no se termina con una derrota”, expresó Don Raúl, abonado escarlata, mientras abandonaba el inmueble capitalino después del último out.
Puebla llegó al diamante sin complejos y ejecutó prácticamente a la perfección su libreto: pitcheo dominante, bateo oportuno y una defensiva capaz de contener cualquier intento de rebelión de los actuales campeones.
Los Pericos tomaron el control del encuentro y construyeron una ventaja que alcanzó tres carreras en el quinto episodio, aprovechando incluso un lanzamiento descontrolado para incrementar la presión sobre unos Diablos obligados a remar contra corriente.
Pero esta vez la poderosa artillería roja nunca encontró la llave.
Entrada tras entrada, los lanzadores poblanos fueron cerrando puertas.
Cada amenaza del México terminó sofocada antes de convertirse en rally y el público, acostumbrado a las remontadas y noches de pólvora ofensiva, comenzó a sentir cómo el reloj de la temporada avanzaba inexorablemente hacia el último out.
La novena entrada condensó todo el drama.
Diablos necesitaba fabricar una reacción inmediata para mantener viva la campaña y obligar a un séptimo encuentro. No ocurrió.
Un doble play poblano terminó por bajar el telón.
Tres carreras a cero. Serie para Puebla. Temporada terminada para el México.
Y con ello desapareció también la posibilidad de agregar un tricampeonato a la ya monumental historia de la organización escarlata.
Una derrota no borra la historia
La eliminación representa un golpe especialmente doloroso para una franquicia acostumbrada a competir por campeonatos, pero difícilmente modifica la dimensión histórica de los Diablos Rojos dentro del béisbol mexicano.
El México peleó hasta el último episodio acompañado por una afición que convirtió nuevamente al Harp Helú en un auténtico infierno rojo.
Esta vez, sin embargo, los Pericos encontraron la manera de apagarlo.
Cuando cayó el último out, las gradas comenzaron a vaciarse lentamente. Hubo rostros largos, abrazos, fotografías finales y aficionados todavía mirando hacia el terreno, como si esperaran una entrada adicional que nunca llegaría.
Don Raúl resumió ese sentimiento desde las inmediaciones del estadio:
“El béisbol da revanchas y la pasión por el México no se apaga con un cero en la pizarra. Aquí se sufre con orgullo, porque se nace diablo y se muere diablo, pase lo que pase”.
Mientras Puebla celebraba una victoria de enorme peso en su camino por la postemporada, la marea roja trasladó inmediatamente su pasión a las redes sociales, donde comenzaron a multiplicarse los mensajes de reconocimiento, frustración y respaldo al equipo.
El tricampeonato tendrá que esperar.
La temporada escarlata terminó.
Pero el infierno, como sabe cualquiera que alguna vez se haya puesto esa franela, nunca se apaga del todo.



